Slow Marketing es sentirse bien: ¿cómo tener más tiempo para ti?

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Utiliza las esperas en tu favor

En Slow Marketing nos gusta sentirnos bien, creemos que, en cada uno de los pasos de nuestro día a día tenemos el deber de ser felices y de hacer que esas personas con las que nos cruzamos también lo sean.

Y esto incluye el entorno laboral. No entendemos eso de: soy una persona agresiva y dura en el trabajo pero luego me relajo en mis tiempos de ocio y soy muy diferente. ¡Nosotros somos igualitos en un lado y en otro!: profesionales, amables, trabajadores, imaginativos, eficientes, cercanos…

Estos son nuestros pilares: sin alegría no hay creatividad, ni trabajo bien hecho, ni honestidad con lo que se realiza. Si no nos sentimos cien por cien conectados con nuestra labor no podremos disfrutar ni dar lo mejor de nosotros mismos.

Esta premisa, que tenemos muy, muy, muy clara, así como un faro que nos alumbra, allá en el horizonte y bla, bla… a veces sufre pequeños altibajos.

Sí, sí… que sales a la vida y ¡venga!: tormentas, viento, granizos, pedruscos… todos cayendo sobre esa maravillosa teoría, tanto que a veces impiden ver el bonito faro.

¿Hay cosas hoy que no van conforme a tus expectativas?

No sé en vuestro día a día… imagino que será como el mío en este sentido, a no ser que sepáis hacer magia y cambiar el giro de cada pequeño acontecimiento… ¡muy fácil, claro! ¿llamamos a Maléfica?

Como os decía: en cada uno de mis días hay muchas cosas que no van como yo esperaba, no es que podamos decir que van mal -bueno, a veces sí lo podemos decir, ¡incluso gritarlo!- pero tampoco es que vayan bien, bien, bien… Quedémonos con que no resultan acordes a eso que pensaba de ellas, a mis expectativas.

Nos solemos levantar con el plan del día en nuestra cabeza: con lo que tenemos que hacer, con cómo nos tiene que cundir el tiempo, con que esto lo vamos a hacer así o asá, con que esta persona tiene que decir o realizar tal cosa, con que aquél o éste tiene que tener claro lo que yo quiero…

¿No es así? ¿no lo queremos tener todo atado y establecido? Pues precisamente, es por culpa de todas esas expectativas por lo que nuestros días se suelen ir al garete. 

Esas pequeñas circunstancias que nos ralentizan el día 

Dentro de todas esas posibilidades, que responden a la sabia Ley de Murphy, hoy me voy a centrar, específicamente, en aquellas que nos ralentizan el día. Sí, en esos hitos que nos desbaratan los horarios (o el timming, si quieres resultar más chic).

Esos eventos que nos desquician y que son toda una prueba para nuestra paciencia, nuestra respiración y nuestras entrañas, esos que nos deshacen todas nuestras buenas intenciones diarias y nos llevan a fruncir el ceño y hasta a gruñir y ladrar.

Consejos Slow Marketing para esas pequeñas esperas que nos ralentizan el horario

En mi caso, esos pequeños eventos que me ponen patas arriba el día son múltiples, diversos, fanfarrones, descarados y, además, tan probables como imprevisibles a partes iguales.

La tecnología ¡esa gran aliada!, los problemas de lentitud relacionados con este sector son bastante típicos en mi día a día: el Chrome “no responde”, las imágenes se descargan como si hubiera que darles cuerda, los cambios en photoshop tardan en guardarse, internet va pelín sosegado…

Las tuyas pueden ser parecidas a éstas y como otras muchas que nosotros también sufrimos: un atasco, una cola en cualquier ventanilla,  esperar a alguien, otro atasco, aguardar un rato a que te pasen con alguna persona por teléfono…

¿Qué hemos aprendido nosotros para positivizar esos momentos? 

Ahora, cada vez que una de estas cosas ocurre, antes de ponernos a jurar en arameo, renegar de nuestro mal fario, odiar a toda la humanidad y amargarnos a nosotros mismos… Bueno, a veces, después de hacer alguna de estas cosas o una combinación de ellas…

Nosotros, que practicamos cada día eso de ser slow… ¿Qué hacemos? Os lo cuento: en esos momentos me paro y pienso: “vale, bien, un poco de tiempo para respirar. Esta pausa me la están dando para que pueda relajarme del día que llevo o que me espera”, así que voy a aprovecharla.

Me hago consciente de eso y hasta agradezco que las circunstancias me obliguen a parar porque si no es muy probable que yo no lo hiciera y ya sabemos que: ¡es imprescindible!

Así que me detengo y respiro, después desconecto mi mente con algo en lo que me guste pensar: las olas del mar, esa persona que me transmite tan buena energía, mi película favorita, el último libro que me leí…

¿Qué te parece? ¿te unes a nuestros momentos slow, esos que te regalan tiempo para ti? ¡Venga, te invitamos a probarlo esta semana y ya nos cuentas!

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