Marketing y Publicidad: ¿qué está cambiando?

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marketing y publicidad de forma etica

El Marketing y la publicidad nunca han contado con buena fama, sin embargo estamos en una etapa perfecta para el cambio, la reflexión y la autocrítica de todas las partes implicadas, en una búsqueda: de ética hacia el consumidor, de dignidad para el profesional y de transparencia cara al anunciante. ¿Pueden el Marketing y la Publicidad ser honestas? ¿por qué estamos en este punto? ¿qué ha pasado?:

¿Trabajas… en… Marketing…? Aún recuerdo su cara,  una expresión entre el juicio rápido, el desprecio del que se cree mejor que tú y el miedo de encontrarse ante alguien sin escrúpulos. Era la Nochevieja de… ufff… de hace mil años. Él me gustaba de verdad y me dejó estupefacta aquella imagen que le trasmitía mi fantástica profesión, ésta en la que yo he creído siempre, a pesar de los pesares.

No fue la única vez, ni lo será… que he visto ese rostro de reproche cuando he comentado a lo que me dedico. Ni entonces ni ahora, y mira que la publicidad y el marketing han cambiado de forma radical en los últimos 5 años. De hecho, los medios actuales han permitido que todos ganemos en transparencia y en ética. Ahora las marcas y, por ende, los publicistas debemos enfrentarnos más desnudos. Ahora las redes sociales permiten que todo salga a la luz y eso, por mucho miedo que pueda darnos, es genial para todos.

Marketing y publicidad: los malqueridos por unos y otros

El Marketing y la Publicidad son de esos sectores que cuentan con mala fama, una etiqueta muy difícil de quitar. Cuando el usuario de a pie -que al fin y al cabo somos todos- piensa en ellos le suelen llegar rápidamente conceptos como: manipulación, falsedad, mentira… Es de esas áreas en las que se imagina a un profesional muy inteligente (gracias) pensando de forma maligna y sin fin en técnicas para el control de las personas, una especie de brujo controlador de mentes. Sin embargo: ni es tan fácil, ni el publicista tiene tantos poderes sobrehumanos, por mucho que nos gustaría…

Las empresas anunciantes tampoco es que valoren con cariño a la profesión, saben que deben contar con expertos en marketing y publicidad, que su labor aporta resultados. Sin embargo sigo viendo en los semblantes de muchos directores de empresa ese halo de duda, ese pensamiento oculto que cree que en algo le estás engañando, que no estás siendo completamente transparente con él…

Es hora de que entonemos el “mea culpa”: pero todos

Sí, las personas que trabajamos en marketing y en publicidad lo sabemos, no es que podamos ir de víctimas inocentes. Este sambenito de maldad intrínseca del sector no es que venga de la nada. A lo largo de los siglos muchos han sido los que han intentado persuadir desde la mentira y sí, desde la manipulación. Es algo que, realmente ha pervivido hasta nuestros días.

Todos nos hemos sentido defraudados cuando hemos comprado ese champú que prometía un brillo cegador a nuestro cabello, esa crema anticelulítica que nos aseguraba bajar 2 tallas o esa sopa que juraba saber como la de nuestra abuela y que más bien sabía a rayos, química y centellas. También ese anunciante al que le prometieron las ventas de su vida. Sin embargo, y tras entonar claramente la parte de culpa de nosotros, los profesionales, debo decir que en este juego de mentiras todos tenemos nuestra parte de responsabilidad.

Y es que absolutamente todos nos queremos creer ese magnífico universo que nos vende la publicidad: ese brillo, delgadez, vuelta al sabor de nuestra infancia… que nos promete. Los segundos que nos dura esa esperanza –por mucho que dudemos de su verdad- nos hacen sentir mejor. Y sí, luego la caída quizá sea más fuerte… o no…

Clientes, publicistas, anunciantes: ¡son tiempos para la honestidad!

La realidad es que, desde esta responsabilidad de todos, de un tiempo a esta parte las cosas están cambiando. Gracias al famoso 2.0 y la llegada de las Redes Sociales cada una de las partes se ha vuelto más responsable. La publicidad y el marketing ya no son patrimonio de los anunciantes y los marketinianos, ahora lo son de la humanidad. En este momento toda la población puede –y debe- opinar sobre un producto o servicio.

Es una época para la verdad, para la transparencia, para que todos nos volvamos un poco más éticos. Para que defendamos lo que hay detrás de cada producto y servicio de una forma más veraz, también desde una exageración humorística que todos entendemos y que nos hace sonreír porque sabemos que es ficción. Es un periodo para esta defensa de todos los compradores, también para reivindicación del desempeño de la profesión de una forma digna y para volver a ganarnos la confianza del anunciante. Son tiempos para la honestidad ¡aprovechémoslos!

 

 

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