¿Los árboles no te dejan ver el bosque? ¿qué priorizas en tu día a día?

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arboles y bosque: qué priorizas

Nos pasa en nuestro día a día laboral, pero también en nuestra vida: ¿a qué das prioridad en tus jornadas? ¿Qué significa todo esto?: pues que, a menudo –de hecho demasiado a menudo-, perdemos el enfoque.

Nos pasamos el día apagando fuegos y haciendo cosas aunque a lo mejor no son las más importantes para nuestra vida y, si vamos así, resulta que todo carece de sentido: vemos árboles pero no el conjunto.

Es decir, ¿qué es más importante?: ¿escuchar a tu cuerpo cuando te dice: “basta” o terminar la lista de tareas de tu agenda? ¿ayudar a un amigo con un problema serio o ese mail que tienes que enviar?

¿Para qué estamos aquí?: ¿para hacer muchas cosas y que nos aplaudan nuestros jefes o nuestros clientes –si es que tienes la suerte de que lo hagan- o para ser felices?

Pocas cosas son muy importantes… relájate, sé slow, sé feliz…

El concepto slow, del que hacemos gala en este blog, busca el equilibrio, esa balanza entre hacer las tareas que tenemos pero sin olvidar lo importante: a nosotros, a los demás… al bosque completo que es nuestra vida.

Es un: ¡NO! Al ritmo actual que nos hemos impuesto y que nos tiene en permanente ansiedad, dándonos contra los árboles. Lo mejor es que, si somos capaces de pararnos y cuestionarnos las cosas, nos viene una pregunta clara: ¿para qué correr tanto?

Ayer me ocurrió a mí: empecé a pensar en tareas pendientes, en tiempos, en que quería hacer esto y aquello y lo otro y lo de más allá y… ¡se me puso un nudo en el pecho!

Lo bueno de esto es que, cuando comienzas a detectarlo, cada vez lo haces antes… En mi caso, antaño podía pasarme días enteros con ansiedad… ¡qué digo, días!, ¡meses!, incluso ¿años?… puede ser… pero no lo percibía.

Ahora escucho a mi cuerpo: veo cómo es mi respiración, si mi estómago siente ese nudito o ese bicho comiendo las entrañas, que a veces piensas: “¡sal de mí, maldito!”. Y cada vez lo corto antes.

¿Cómo sacar al bicho de la ansiedad que llevamos dentro?

Como en todo, lo primero es que aprendamos a verlo y que nos demos cuenta de que es un problema, por mucho que todo nuestro mundo esté creado así… ¡tu cuerpo es sabio!

En cuanto detectes que estás intranquilo: respiración entrecortada, nudo en estómago, dolor de cabeza, movimientos compulsivos… ¡Escúchate!

Párate y pregúntate: ¿qué me pasa? ¿por qué estoy así?:

  1. En ocasiones responde a exigencias y culpas que son sólo nuestras: esa necesidad de sentirnos responsables y eficientes continuamente que nos hemos impuesto.
  2. Otras veces es verdad que tenemos tareas reales que llevar a cabo y que nos preocupan. Aunque sea así… ¡calma!

En ambas opciones, deciros que: prácticamente todo puede esperar y que, al final, somos nosotros mismos los que tenemos que cuidarnos, los responsables de estar bien ¡no hay excusas! Y, teniendo esto claro: ¡todo es fácil! ¡nuestras prioridades están marcadas!

Para ser eficiente, tienes que cuidar de ti

Si para mi vida, que es mi bosque maravilloso, yo tengo que estar bien –sólo así puedo cuidar adecuadamente de los que me rodean y hacer lo que tengo que realizar- entonces ese es el objetivo principal, ¿a que sí? ¡pues que no se nos olvide!

En cuanto me desenfoco de esto, sólo estoy mirando árboles inconexos de mi existencia, que lo único que hacen es convertirse en obstáculos y que me impiden ver el conjunto y, por ende, lo importante.

Si pierdo el principal enfoque de mi vida: cuidarme a mí y a los demás, sólo realizaré tareas vacías. Las personas somos lo importante: ¡pero empezando por ti!, si no te proteges a ti, estarás siendo irresponsable.

2 claves para parar y sentirte bien

  1. Cuando las exigencias son tuyas: respira, no pasa nada, puedes ir más lenta, los que te quieren y te respetan de verdad lo entenderán. No puedes hacerlo todo, menos aún a costa de sentirte mal tú.
  2. Cuando las demandas están fuera: siempre puedes renegociar tiempos, argumentar que todo necesita sus procesos para realizarse bien y saber decir: “no” a todos esos “marrones” con los que eres experto en quedarte.

A partir de ahora… ¡piensa más en ti!, después en los demás y, por último, en las tareas. Chequea, cada mañana, esos puntos que -en tu cuerpo- marcan la ansiedad, en el mío lo tengo claro: si el “monstruito agarraestómagos” hace de las suyas, ¡tengo que obligarme a parar!

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